lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz Epifanía en el Cielo

Recuerdo la sonrisa de Don Juan al momento en que me acercaba al árbol de navidad frente a toda mi familia; papás, tíos, primos, hermanos y demás parentela. Me situaba al lado del enorme montón de regalos y leía torpemente y en voz alta que aquella caja enorme envuelta en papel metalizado había sido enviada del "Niño Dios" para mí. Recuerdo esa misma sonrisa hace apenas dos años cuando alguna de mis primas más pequeñas parada en el mismo lugar, leía con el natural silabeo de quien recientemente aprendió a leer, que aquél regalo del Niño Dios era para mi.

Tampoco puedo olvidar la sonrisa, que siempre fue seria pero no menos feliz y llena de amor y orgullo, que mostraba mi abuelo "Don Juan" cuando corría a agradecerle el regalo que en nombre del Niño Dios me había hecho. Han pasado más de 20 años desde aquella ocasión en que yo repartía los regalos hasta esta Noche Buena, definitivamente sé que me hace falta su sonrisa y aliento en este día.

Seguramente esta noche habrá regalos en nombre del Niño Dios, también seguramente el árbol de la casa adornado con cientos de luces, estará lleno de regalos para la gran familia que construyó el viejo. Estoy seguro que cada uno de esos regalos fue buscado con el deseo de hacer sentir, a quien lo recibe, que fue “El Niño Dios” quien lo regaló.

Mi sentimiento hoy, que se ve envuelto por un velo de nostalgia y tristeza por la ausencia del Abuelo, también es un nuevo sabor para la Noche Buena, en la que la mano de Don Juan levanta el telón que descubre su obra maestra, aquella estructura de bronce sólido que forjó día con día durante 84 años y que tituló “MI FAMILIA” y que jamás imaginó tendría la forma y la estética que hoy presenta.

Esta Noche Buena, el Niño Dios regresa a la casa de mis abuelos y se multiplica en cada una de las personas que durante toda su vida recibieron en su nombre un regalo de Don Juan, que hoy como en un rito -como una comunión- regalan un pedacito de ese amor que recibieron de Dios a través de su Padre, su Esposo, su Abuelo, envuelto en papel metalizado y puesto debajo del gran árbol de Navidad que apunta hacia el lugar en donde seguramente el Niño Dios y Don Juan nos sonríen como lo hicieron cada una de las navidades que he vivido.

Feliz epifanía en el Cielo Don Juan, te extraña y te quiere desde aquí tu nieto.

El Chiquilín.

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